Un robo de base se produce cuando un corredor en intento de robo adelanta con éxito a la siguiente base. Por sus siglas en inglés, se anota como SB (“stolen base”). Si es puesto “out” en su intento de robo, se le anota, por sus siglas en inglés, como CS (“caught stealing”). La Regla 9.07 del Béisbol tipifica y define lo que es robo de base y atrapado robando.
La historia y evolución de la Regla del robo de base es muy interesante y ha sufrido cambios a través de los años. De igual manera, los robos de bases han experimentado fluctuaciones a través de la historia de las Grandes Ligas. A partir del 2023, volvieron a resurgir los robos de bases y se han convertido nuevamente en una herramienta muy valiosa del juego. Ello obedece a que, en el 2023, las Grandes Ligas introdujeron dos cambios a las Reglas del Béisbol con el propósito de estimular el robo de bases que había decaído en las primeras dos décadas del Siglo XXI. Esas dos enmiendas a las Reglas del Béisbol lograron su propósito y el robo de bases ha vuelto a tomar un rol protagónico. El tema es fascinante y a ello obedece este artículo. Veamos.
Una de los cambios a las reglas introducidas en el 2023, limita a los lanzadores a dos virajes o intentos para sorprender a un corredor o pegarlo a la base que ocupa sin consecuencias mientras enfrenta a un mismo bateador. Si lo intentan por tercera vez y no lo sorprende, se decreta “Balk”. La otra medida fue un aumento en el tamaño de las bases de 15 a 17 pulgadas cuadradas lo que reduce la distancia entre ellas en 4 1/2 pulgadas. Ambas medidas aumentaron significativamente los intentos de robos de bases e incrementaron marcadamente los éxitos en los robos de bases. El año pasado (2024), se produjeron 3,617 robos de bases, lo que estableció la marca de todos los tiempos para una temporada. La marca anterior era de 3,585 en el 1985.
En la primera semana de esta temporada (2025), los equipos promediaron 1.7 robos por juego con una tasa de éxito del 79.3%, superando el promedio de 1.3 robos por juego con una tasa de éxito del 76.4% en la primera semana del 2024. El domingo, 20 de abril (2025), el equipo de los Cerveceros de Milwaukee enfrentó a los Atléticos y en la primera entrada se robaron seis bases. El último equipo en robarse seis bases en una entrada fue el de los Gigantes de Nueva York el 26 de agosto de 1919. En la tercera entrada de ese juego le robaron seis bases a Pittsburgh.
Luego de esa introducción, abordo la historia y evolución de las bases robadas en las Grandes Ligas.
La primera mención del robo de base afloró en las reglas de anotación adoptadas por la Liga Nacional en el 1877. Ese año, no se anotaba el robo de base como una estadística oficial del juego, pero se sumaban al total de bases que alcanzaba un bateador con sus “hits”. Diez años después, en el 1887, la base robada se definió como: “toda base alcanzada después de que un corredor haya alcanzado la primera base, excepto aquellas logradas con la ayuda de un error. Al año siguiente (1888), se aclaró que el avance a otra(s) base(s), más allá de la robada mediante error en la misma jugada, no se acreditaba como base robada y se le anotaba un error al receptor o al fildeador que permitió el avance adicional.
En 1892, la regla acreditaba bases robadas a los corredores si avanzaban con un elevado de “out” o si avanzaban más de una base con un sencillo, siempre que la defensa intentara poner “out” al corredor. Por ejemplo, si un corredor en primera base llegaba a tercera con un sencillo, contaba como robo de base su arribo a tercera. Esa regla fue eliminada en 1897.
En 1910, se abordó, por primera vez, los intentos de doble y triple robo. Bajo la nueva regla, cuando un corredor es eliminado y los demás tienen éxito, a estos últimos no se les acredita base robada. Cuando se producen dobles o triples intentos de robos y el receptor intenta poner fuera a uno de ello sin éxito, se le acredita robo de base a los otros corredores. Esa continúa siendo la regla actual.
En 1955, se aclaró que se le otorgaba una base robada a un corredor que se veía involucrado en un “rundown”, siempre que lo evadiera y avanzara a la base que pretendía robar.
El “robo por Indiferencia” no se anota como tal ni se añade a la estadística del corredor. Se produce, por lo general, en juegos donde la ventaja de uno de los equipos es holgada y a juicio del anotador, el lanzador no presta atención al corredor y el receptor no hace el mínimo intento por tirar.
El robo de bases fue muy popular en las primeras dos décadas del Siglo XX, la llamada época de la bola muerta. De 1906 a 1909, los equipos promediaron más de 10 bases robadas por cada jonrón; 11.8 robos por cada jonrón en 1909.
Ty Cobb está ubicado en el cuarto lugar de todos los tiempos en bases robadas con 897, en 24 temporadas. Fue seis veces líder de bases robadas y en el 1915, alcanzó la impresionante cifra de 96 estafas.
A partir de 1920, el cuadrangular reclamó su importancia y los robos de bases decayeron en las décadas del 20, 30 y 40. Entre 1931 y 1945, ningún jugador de la Liga Nacional se robó más de 30 bases en una temporada. En el 1949, se produjeron 730 robos en las Grandes Ligas y se conectaron 1704 jonrones, prácticamente el doble. Se invirtieron las estadísticas en esos dos renglones. De 1950 al 1958, se conectaron casi tres jonrones por cada base robada.
En el 1959, las bases robadas comenzaron a resurgir gracias al campocorto venezolano Luis Aparicio, que ese año se estafó 56 bases. Luis Aparicio ganó el título de bases robadas de la Liga Americana en nueve temporadas consecutivas, de 1956 a 1964.
En 1962, el campocorto de los Dodgers, Maurice Wills, deslumbró con sus 104 bases robadas, rompiendo de paso el récord de 96 de Ty Cobb en 1915. Los éxitos de Aparicio y Wills, le devolvieron a la base robada el sitial que ocupaba como herramienta ofensiva durante la Época de la Bola Muerta. Lou Brock mantuvo ese resurgir y en el 1974, estableció una nueva marca al estafarse 118. Dos años después, en 1976, los jugadores de las Grandes Ligas se robaron 3,054 bases; total que no se había alcanzado desde 1915. En 1982, Rickey Henderson estableció la marca de todos los tiempos con 130 robos de base.
Para la década de los 70, las bases robadas eran prioridad y a los Atléticos de Oakland se les ocurrió contratar al velocista Herb Washington, que no era jugador de béisbol. Lo utilizaron exclusivamente como corredor emergente; su única función era intentar robar bases y nunca consumió un turno al bate. Participó en solo dos temporadas (1974-75). En el 1974, salió al robo en 45 ocasiones, se robó 26 y fue fusilado 19 veces. Al año siguiente, intentó dos robos de base y fue fusilado en uno de ellos. Concluyó su efímera carrera con 48 bases robadas y sorprendido robando 26 veces, para un pobre porcentaje de .649. A pesar de haber corrido 100 yardas en 9.4 segundos, no tuvo el éxito esperado porque no todo recae en la rapidez del corredor que osa robar base. Además de la velocidad, el robo de base demanda otras habilidades como descifrar el movimiento del lanzador, tomar un buen brinco (“sprint”), la astucia en el deslizamiento… A propósito, resalto que Carlos Beltrán posee la tasa de éxito más alta de todos los jugadores con más de 300 intentos de robo de bases, 86.4 %. Se robó 312 bases en 361 intentos; solamente lo sorprendieron robando 49 veces.
El robo de bases volvió a decaer en las primeras dos décadas del el Siglo XXI, pero con las dos medidas introducidas en el 2023, volvió a resurgir. Shohei Ohtani se convirtió en el primer jugador en superar los 50 jonrones (54) y las 50 estafas (59).
El “Robo por Indiferencia” lo definimos previamente, no va a las estadísticas de los intentos de robo y se anota de la siguiente manera: es anotado por el Anotador Oficial con una clave que identifica el compilador de las estadísticas y no lo incluye como tal en la contabilidad.
Concluyo señalando que hay una diferencia entre lo que es un “pickoff” y un sorprendido robando (CS). Un “pickoff” es cuando sorprenden a un corredor en la base que ocupa por un viraje del lanzador o por un tiro del receptor. Esto es, el corredor no tenía la intención de robar, pero se estaba despegando de la base, cuando hubo un tiro del lanzador o del receptor y lo pusieron fuera antes de que pudiera regresar a la base que ocupaba. En esas circunstancias no se anotará sorprendido robando porque no tenía la intención de robar. Mientras, que un sorprendido robando es cuando ponen fuera al corredor en la base a la que intentaba avanzar. Por ende, un “pickoff” y un sorprendido robando no se anotan de la misma manera. Algunos anotadores no conocen esta importante diferencia y anotan erróneamente la jugada lo que afecta las estadísticas.
Si un corredor sale al robo de base y se produce un “wild pitch” o un “passed ball,” se le dará el beneficio al corredor y se anotará base robada. Ahora bien, cuando el corredor decide avanzar a la próxima base aprovechando un “wild pitch” o un “passed ball” no se le anotará base robada si logra llegar a salvo y si en esas circunstancias es puesto fuera, tampoco se le anotará como sorprendido robando base.