El inolvidable Joe DiMaggio

Desde niño y adolescente ya sabía bastante acerca del estelar jardinero central de los Yankees de Nueva York….Joe DiMaggio. Sabia de sus ejecutorias entre las líneas de cal y de su matrimonio con la estrella de cinemalandia…Marilyn Monroe.

Le vi en persona, por vez primera, temprano en la década de los 1970s en una acera muy cerca del Hotel New York Hilton, muy bien trajeado, abordando un auto negro. Ya la nieve de los años comenzaba a adornar su cabellera.

El sábado, 29 de julio de l978, los Yankees celebraban su tradicional Juegos de Estrellas del Pasado. Después de verle en un pasillo en Yankee Stadium me dirigí al relacionista público (mi amigo Mickey Morabito) de los Yankees y le pregunte si me podía coordinar una entrevista con el Yankee #5 para la antesala al juego que sería transmitido para Puerto Rico por WAPA-Radio con los colegas Terry García y Josué «Elevadito» González.

De inmediato Mickey me contesto, «En pocos minutos en la oficina del dirigente (Bob Lemon) coordinare una conferencia con él. Es para muy pocos miembros de la prensa y tú eres uno de ellos».

Al poco tiempo estaba parado en la entrada de la oficina de Lemon y Mickey pidió que el grupo entrara. Para mi sorpresa un periodista que veía con regularidad en Yankee Stadium y con quien nunca había hablado, frente a DiMaggio, cometió la «barrabasada» de preguntarme en voz alta que si a la conferencia se permitían miembros de la prensa hispana. En mi buen inglés le riposté con tres palabras soeces… que había sido invitado. ¡El becerro social se quedó con la boca abierta!

Segundos después me ubique muy cerca del hombro derecho de DiMaggio. Estando todo en silencio, DiMaggio dijo,» Ya estoy preparado para sus preguntas y quiero que la primera me la formule este caballero que está a mi lado». A todo esto, mientras hablaba me señalaba con su dedo índice derecho.

Obviamente el había presenciado la imprudencia hacia mi persona antes relatada. Al poco tiempo, estando sentado ya uniformado en el vestidor de los Yankees, me le acerqué y le dije, «Señor DiMaggio, gracias por su gesto hacia mi persona durante la conferencia».

Con una tierna sonrisa riposto rápidamente, «Tú te lo merecías».

Pasaron unos años y un día llegué a comprender la razón de su gesto hacia mi persona.  Cuando el debutó en Grandes Ligas en el 1936 con los Yankees por muchos años fue víctima de abusos debido a sus raíces italianas. Entonces y ahora en pleno Siglo 21 la humanidad sufre de cánceres sociales y de una tendencia marcada de personas en eso de barrer el polvo debajo de la alfombra de la vida.

Dicen los historiadores que DiMaggio era difícil de descifrar y muchos de sus amigos manifestaban que era muy tímido, privado y usualmente callado.

Hace algún tiempo me comunique con su buen, buen amigo…el Dr. Rock Positano en Nueva York….autor de las «Memorias de un Héroe Americano (Joe DiMaggio)» en el 2017. En carta fechada el 2 de junio del 2017, me comunico, «Puedo comprender la razón por la cual le caías bien a Joe. El poseía un «séptimo sentido».

Vi muchas veces más a DiMaggio hasta su muerte el 8 de marzo del 1999. Su apretón de manos, su sonrisa siempre estuvieron presentes.

Sin embargo, lo inolvidable para este servidor aconteció aquel sábado, 29 de julio del 1978, en el Yankee Stadium cuando descubrí que ese ídolo desde mi niñez poseía un gran espíritu….un alma noble.

Ese día en Nueva York….¡DiMaggio hizo que mi alma volara!

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