Recordando a mi mentor y hermano: Francisco ¨Pancho¨ Coimbre

Este ensayo va dedicado a la dama «Cuqui» Acevedo viuda de Coimbre, nuera de Pancho, quien fuese esposa de su hijo Paco.  Además, a dos queridos amigos y biógrafos de Pancho Coimbre…Cruz Roque Vicens y Raul Ramos…por sus excelentes obras.

En mi bóveda mental de recuerdos vive perennemente un ser humano que ya tendría 111 calendarios de vida y que a sus 80 falleció trágicamente en un incendio en su humilde hogar ubicado en la Calle Estrella #8 en Ponce, Puerto Rico, el 4 de noviembre en el 1989.

Su nombre…Francisco «Pancho» Coimbre…pelotero de profesión y un ser humano de mucha dignidad que con suma humildad vivió entre nosotros.

Eso de ser pelotero lo llevo a ejercer su profesión y ser admirado por millones de personas en países como Canadá, Colombia, Estados Unidos, México, República Dominicana, Venezuela y Puerto Rico.

El guardabosques nacido en Coamo, Puerto Rico, el 29 de enero en el 1909, jugó en las Ligas Negras Organizadas entre el 1940 y el 1948.

En esos tiempos, hasta cierto punto, existieron inconsistencias en dichas Ligas Negras con relación a preservar para la historia las estadísticas de los peloteros participantes y antes de continuar, como hoy escribo del ser humano, les hago referencia a la magnífica labor del respetado colega, Jorge Colón Delgado, el Historiador Oficial de la Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico, reflejada en el Internet mediante el sitial: https://beisbol101.com/francisco-pancho-coimbre/.  Inclusive, en dicho sitial, se puede dirigir a sus estadísticas en las Ligas Negras.

Pancho Coimbre era, además, conocido por el apodo inolvidable de «El Pundonoroso», sinónimo de «El Honorable». Ese dato, per se, es prueba fehaciente de la clase de persona que fue el gran bateador derecho!

Siendo su segundo hogar Ponce, Puerto Rico, en dicha ciudad el atleta de 5′ 8″ de estatura y unas 170 libras de peso, era un gran, gran ídolo y entre sus amistades estaban varios miembros de mi familia materna seguidores del béisbol.

Jamás olvido que temprano en la década de los 1950, sirviendo mi padre en el conflicto bélico de Corea, una tarde del Carnaval de Ponce, anduve con mi madre por la plaza de la ciudad y con un sobrino de ella, Paco Tormos. Casi frente a la catedral de la ciudad él saludó a «Pancho», un caballero muy bien vestido de piel morena.

Ellos me hicieron saber que ese caballero que me dio su mano derecha y regaló una sonrisa era el pelotero Pancho Coimbre. Ese fue mi primer encuentro, de muchos en esta vida, con el gran pelotero.

Unas doce anualidades más tarde, allá para el 1965, gracias a mi amistad con el legendario buscatalentos de los Piratas de Pittsburgh, Howie Haak, cruce caminos una vez más en mi vida con «Pancho», a la vez el buscatalentos oficial de la organización en Puerto Rico.

Desde ese entonces floreció nuestra hermandad.  Todo eso ya programado por Dios en nuestras respectivas vidas.

Bien temprano en la década de los 1970, comencé, gracias a Haak y Joe L. Brown (el gerente general del equipo), a trabajar como escucha de los Piratas con la prioridad de seguir a los peloteros asignados desde Pittsburgh en la liga invernal de Puerto Rico bajo la tutela de «Pancho», que a su vez buscaba talento a nivel de toda la Isla.

Trabajar con «Pancho» fue trabajar con un genio del béisbol, pues se convirtió en un gran maestro en eso de pulir mi sapiencia beisbolera mientras se solidificaba nuestra hermandad.

Al trascurrir el tiempo muchas, muchas veces cuando venía a San Juan, «Pancho» me visitaba en mi hogar en la Calle Wilson en El Condado. Casi siempre sus visitas eran de día y allí, con mi familia directa, compartíamos.

Hablábamos de la gente, de las dificultades que experimentaban…hablábamos de política…hablábamos de música…de su vida como pelotero y de lindas experiencias que había experimentado. Estar con él era algo como «hablar» con una enciclopedia…¡pues «Pancho» poseía un gran intelecto!

Hoy recuerdo, entre otras cosas, que en el verano de l945, jugó en México con el equipo Puebla y tras tener un gran juego, dos figuras con fama internacional pidieron conocerle.

Recordó en una ocasión en mi hogar, «La mujer más linda del mundo (así le decían) María Félix (la gran actriz) y su esposo (el fenomenal compositor) Agustín Lara, me rindieron sus respetos.»

En otra ocasión, manifestó con noble orgullo, «En una ocasión dijo Satchel Paige (legendario lanzador Negro de los Estados Unidos) que yo…para el…era más difícil que ‘pichearle’ a Joshua Gibson y Ted Williams.»

Relato, además, un bonito recuerdo de «Pancho» con su pupilo y glorioso Pirata de Pittsburgh, Roberto Clemente. Me dijo, «Tarde en los 1960…Roberto me invitó a visitarle en el campo primaveral de los Piratas en Fort Myers, Florida.  Me llevó a todos los lugares que él fue. Me presentó a todo el mundo y a la plana mayor del equipo. Me quedé asombrado y pensaba que el mejor pelotero del mundo en aquella época me estaba tratando como un rey.»

Ya han transcurrido 48 anualidades de la muerte de Clemente y 31 de la muerte de Coimbre…y aquí estoy escribiendo de «El Pundonoroso». Que alegría siento en recordarles.

Pancho Coimbre fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte de Puerto Rico en 1959…al Salón de la Fama del Béisbol de Puerto Rico en el 1991 y al Salón de la Fama del Béisbol de América Latina en la Republica Dominicana en el 2010.

Los vientos del tiempo se han llevado los recuerdos de «Pancho» Coimbre…los vientos del tiempo se han llevado sus poesías beisboleras…pero en mi mente viven por siempre mis recuerdos del viejo hermano del alma que comprendió mi amor por el juego y que me sirvió de un gran maestro en la vida, dentro y fuera del ámbito peloteril.

Pancho Coimbre no tuvo títulos…no tuvo riquezas materiales…ni tuvo grados universitarios…pero si tuvo decencia y hombría de bien.

Pancho Coimbre, además, fue «Tocado por Dios»…¡y eso vale más que cosa alguna!

Bajo el árbol…en la eterna Navidad que ha sido mi vida…encontré hace mucho tiempo un gran y útil regalo.  Ese regalo se llamó…Francisco «Pancho» Coimbre. ¡Gracias a Dios!

Tarde en su vida…Pancho Coimbre…alejado de las muchedumbres….alejado del béisbol…alejado de las ovaciones… para sufragar sus modestas necesidades, vendía billetes de la lotería en el mismo pueblo, Ponce, donde durante gran parte de su vida fue un rey.  Pero no importa…¡Pancho Coimbre siempre estuvo tocado por Dios!

(FOTOS)—-El honorable….Francisco «Pancho» Coimbre!  Para el autor, Luis Rodriguez-Mayoral, fue un honor máximo en unión a Tany Pérez, a la izquierda, ser honrados con el «Premio Coimbre» por el museo que perpetua su memoria el 26 de enero en el 2019, en Ponce, Puerto Rico.

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