Recordando a Pancho Coimbre

Raúl Ramos, Luis Rodríguez Mayoral y Cuqui Acevedo vda. de Paco Coimbre

Cuando chamaquito en Ponce, Puerto Rico, escuchaba con regularidad el nombre de un gran pelotero…Francisco «Pancho» Coimbre.

Temprano en la década de los 1950, mientras mi padre servía en el conflicto bélico de Corea, una tarde de carnaval anduve por la Plaza de Ponce con mi madre y un sobrino de ella…Paco Tormos. Casi frente a la catedral el saludo a un caballero de piel morena y muy bien vestido.

Me dio su mano derecha y con una sonrisa me hizo sentir muy bien. Minutos después mi madre me dijo al responder a mi pregunta, «Ese era Pancho Coimbre.» De ahí en adelante supe de su amistad con miembros de mi familia materna y me sentí orgulloso.

La vida me llevo durante mi crecimiento a residir por tiempos en Panamá y Seattle, Washington, mientras transcurría la antes mencionada década y comienzos de los 1960.

Allá para el 1965, tuve la dicha de, por casualidad, conocer en un vuelo de Miami a San Juan al legendario busca talentos de los Piratas de Pittsburgh, Howie Haak. Nuestra amistad, teniendo como común denominador el béisbol, prosperó y cada vez que visitaba a la Isla nos reuníamos.

Así fue que el destino tuvo para este servidor cruzar caminos una vez más en mi vida con Pancho Coimbre, por unas décadas entonces, el busca talentos principal de los Piratas en la Isla. Durante la década de los 1970, trabaje con Pancho en la misma capacidad, pero lo mío era ser el escucha de los Piratas en analizar el talento en la Liga Profesional de Béisbol de la Isla.

Trabajar para y con Pancho fue una de las grandes experiencias en esa especialidad y como persona.

Hasta el día de su trágica muerte el 4 de noviembre del l989, en un fuego que devoro su hogar en la Calle Estrella 8 en Ponce, su amistad con mi familia inmediata fue muy sólida.

El Pancho que conocí era un hombre muy noble y educado. Vestía como un galán y de su figura siempre emanaba el aroma de una colonia exquisita. Además de haber sido un legendario pelotero poseía un intelecto muy agudo.

Al pasar el tiempo…ya cumplidos 110 calendarios del nacimiento de Pancho, por lógica negativa, figuras como la suya, más en nuestra cultura Isleña y latina, sus logros se van perdiendo en la historia y eso es lamentable.

Sin embargo, por designios de Dios, hará algunos meses surgió un escritor nacido en Ponce, Raúl Ramos, que desde su hogar en Nueva Jersey me hablo de su interés en publicar una biografía de Pancho Coimbre. Mi corazón latió fuertemente al entender que con su deseo este joven intelectual había conectado un jonrón al compartir su pensar conmigo.

Estimule sus deseos y en humildad le ofrecí, de corazón, mis consejos…pero deje en su intelecto libertad total para poner a correr su creatividad literaria.

Su misión ya está cumplida en el libro: «Francisco Coimbre—Los Bates Grandes Se Respetan».

A todo esto debo sumar que siempre le mencioné a Raúl Ramos que en mis archivos tengo, para mí, la primera biografía de Pancho Coimbre que leí. Fue escrita por un ser humano extraordinario que está forrado de decencia y nobleza Cristiana….Cruz Roque Vicens…estandarte sobresaliente en la historia de la crónica deportiva de Puerto Rico.

Uno de los hijos de Pancho en su matrimonio con la dama Antonia Napoleoni, Francisco «Paco» Coimbre, vino al mundo en el 1934. Ya para la década de los 1970 le conocí en unión a su distinguida esposa, «Cuqui» Acevedo (hoy en día viuda de Paco). Gentil dama siempre ha sido y me recordó hace poco tiempo cuando visitaba el hogar de mi familia allá en el Condado, Santurce, Puerto Rico.

Ya jubilada de su carrera como supervisora de programas federales en el Municipio de San Juan, «Cuqui» es la directora de la Fundación y Museo Francisco «Pancho» Coimbre siendo colaboradora de la Galería de Inmortales de Deporte de Ponce. ¡Para ella siempre mis respetos y cariño de hermano ante Dios!

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