Al Oliver recuerda a su mentor Roberto Clemente

Foto tomada en Ciudad Deportiva Roberto Clemente en Carolina, Puerto Rico, a mediados de los 1980: Al Oliver acompañado con Eukita Rodríguez Vasallo, la hija del autor, Luis Rodríguez-Mayoral.

La ciudad de Portsmouth, Ohio, está ubicada a unas 268 millas al suroeste de Pittsburgh, Pennsylvania, a las orillas del Rio Ohio. Desde dicha localidad, ayer en la tarde llego llamada de un otrora estelar pelotero que conocí cuando militaba con los Piratas de Pittsburgh durante la temporada 1970. O sea…han trascurrido unos cuarenta y ocho anos.

Su nombre….¡Al Oliver! El que fuese un gran jardinero y defensor de la primera base en Grandes Ligas (1968-1985) con Pittsburgh, Texas, Montreal, San Francisco, Philadelphia, Los Ángeles Dodgers y Toronto…ya cuenta con 72 años de edad.

En la actualidad y por algunos años lleva contribuyendo a la humanidad dictando conferencias, charlas y predicando la palabra de Dios en un ministerio muy importante en su vida en toda la nación Norteamericana.

Estuvimos hablando ayer durante una hora y tres minutos y mi alma disfruto cada segundo recordando nuestra relación de tantos años….pero más importante sus recuerdos del inolvidable genio beisbolero de los Piratas y Puerto Rico…Roberto Clemente.

Su madre falleció cuando el tenia once años de edad y su padre (Al, Sr.) tuvo una bella e impactante influencia en
el que fuese bateador y tirador zurdo.

Al respecto, comentó, «Mi papa era bien atlético…un gran corredor…buen jugador de baloncesto…muchos le comparaban con (el legendario corredor) Jesse Owens.

«De el aprendí tanto y desde mi juventud le di gracias a Dios por haber tenido un padre como él.

«Jamás olvido que mi debut en Grandes Ligas (23 de septiembre del 1968) vino horas después de la muerte de mi padre en Portsmouth.»

Entonces comenzó a recordar a su mentor-hermano mayor, Roberto Clemente, «Le había conocido en entrenamientos primaverales previos y sabia de su grandeza como pelotero.

«Al pasar el tiempo comencé a descubrir la clase de persona que era. Amable…pero recto. Con una gran disposición de ayudarme al igual que a otros peloteros jóvenes. Debido a la forma que mi padre me crio, pude percatarme temprano en nuestra amistad que Roberto era un hombre especial.

«Roberto fue muy incomprendido por muchos miembros de la prensa hasta, lamentablemente, su muerte. Desde entonces, muchos que lo atacaban comprendieron que él era un hombre de bien.

«Muchos en la prensa no querían aceptar que si le hacían una pregunta a Roberto él contestaba con una sinceridad acentuada. Así era Roberto…sus comentarios iban directo al punto.

En otro momento recordó, «Joven aun yo tenía mucha fe en mis habilidades, pero no comprendía la razón por la cual no jugaba a diario. Un día Roberto me indicó…no te frustres…serás un gran pelotero…tu oportunidad para sobresalir llegara pronto. Debes estar preparado para ejecutar cuando la misma llegue.»

La historia de Al registra, para el futuro, que su promedio ofensivo de por vida fue de .303, con 2743 imparables, 219 jonrones y 1326 carreras impulsadas.

Además, no olvidemos su selección a siete Juegos de Estrellas, su campeonato de Serie Mundial con Pittsburgh en el 1971, el haber ganado tres Bates de Plata y campeonatos de la Liga Nacional en bateo y carreras impulsadas en el 1982.

Siendo este servidor representante en Puerto Rico de los Piratas de Pittsburgh al momento de la trágica muerte de Roberto Clemente el 31 de diciembre del 1972, durante misión de buena voluntad para con los damnificados tras un impactante temblor de tierra en Nicaragua, recayó en mi persona lo siguiente:

Programar la llegada del equipo a Puerto Rico, la trasportación terrestre, su hospedaje y su itinerario de actividades durante la breve estadía.

A tales efectos recordó Al, «Fue un viaje muy triste para los que fuimos en avión fletado por el equipo. No olvido que el autobús no pudo subir la cuesta a poca distancia de la casa de Roberto (en la Urbanización San Agustín en Rio Piedras).

«Entonces Willie Stargell te sugirió que fuésemos a pie a la casa de Roberto. No soy hombre de llorar…pero al entrar en la casa no me pude controlar y las lágrimas brotaron. Fue la muerte de Roberto tan impactante que recuerdo todo como su hubiese sido ayer.»

Entonces recordó muy bien la misa en honor a Roberto Clemente el 4 de enero del año 1973, en la Parroquia Católica San Fernando en Carolina, Puerto Rico. Servicio donde el lanzador Steve Blass estuvo a cargo del elogio final allí.

Recuerdo a Al Oliver muy bien. Luego de una leve carcajada, dijo, «Lo aprendí de mi padre y siempre estuve muy al tanto de vestir propiamente. Roberto hacia lo mismo…siempre lucia muy bien.»

Sobre su posibilidad de exaltación al Salón de la Fama en Cooperstown, Nueva York, comento con un hablar pausado, «Hice mi trabajo durante 18 temporadas. Di lo mejor de mi persona….pero el honor no está en mis manos. Hace tiempo le entregue todo a Dios.»

Su gran deseo, nos indicó, «Sería un gran honor estar en el Salón de la Fama acompañando a Roberto y Willie Stargell.»

Durante la charla, con gran emoción, recordó a otro pelotero que fuese como un hermano para él, «Doc Ellis, tenía una mente distinta. Ayudaba a toda aquella persona que necesitaba su ayuda. En el montículo y como persona…era brillante. Al morir despedí su duelo allá en California.

«Ahora si entrase al Salón de la Fama será por algún comité especial….te digo que te quiero ver allí.»

Así mas bien finalizo nuestra charla telefónica.

Recuerdo a Al Oliver con un respeto gigante, cariño de hermano y…..como a Roberto Clemente….un extraordinario pelotero y excelente ser humano.

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