Historia de la BOLA DE BÉISBOL

La historia y evolución de la bola de béisbol es fascinante. Por ello, redacté dos artículos sobre sus orígenes y trayectorias. El primero versa sobre su historia y el segundo sobre su manufactura y las controversias recientes que apuntan a que la bola está muy viva. Veamos.

Para 1850, cuando aún no existían especificaciones sobre la fabricación de la bola de béisbol ni las características que debía tener, cada equipo utilizaba las pelotas que ellos mismos fabricaban. Ello implicaba desigualdad porque los equipos las construían utilizando como criterios, sus necesidades y beneficios.

Para evitar esa situación, expertos en esas primeras etapas del béisbol, promovieron reuniones con el propósito de lograr uniformidad en la fabricación de las pelotas de béisbol.

En 1854, tres equipos de Nueva York decidieron que el peso de las pelotas que utilizarían en todos los encuentros sería de 5 onzas.

En el 1858, «Harwood and Sons» fabricó las primeras pelotas comerciales de béisbol. 

En 1860, se reguló oficialmente el peso de la pelota y su circunferencia. Se fijó el peso entre 5 y 5.25 onzas y la circunferencia entre 9 y 9 1/4 de pulgadas. Desde entonces, han transcurrido 159 años.

En el 1878, la compañía de Albert Spalding comenzó a adueñarse de la fabricación de pelotas de béisbol, convirtiéndose en el número uno. Spalding tomó el control de la producción de la bola desde1878 hasta 1977; un siglo. En el 1977, la patente de Spalding fue vendida a «Rawlings», la cual continúa suministrando las bolas a MLB. Solamente en el 1998, Rawlings vendió más de 600 mil unidades a MLB. Actualmente, es el mayor fabricante de pelotas de béisbol profesional.

Retomemos el tracto de la bola. Para la década de 1870, las pelotas se fabricaban con piel de caballo. El cuero de caballo se empleó por varios años porque que era un material duradero, abundante y de fácil manejo. Eventualmente, se hizo difícil conseguir la piel de caballo y en el 1974, se cambió a cuero de vaca.

Entre 1850 y 1937, las bolas tenían un impacto significativo en el presupuesto de los equipos, por lo que cuidaban con esmero y con mucho celo su patrimonio. Para 1886, cuando la bola desaparecía del parque en terreno “fair o foul”, el árbitro tenía que esperar hasta cinco minutos para procurar que la bola apareciese. Transcurridos esos cinco minutos, era que el árbitro podía cantar “Play Ball” nuevamente. Para el 1887, tanto en la Liga Nacional como en la Asociación Americana, el equipo local venía obligado a entregar dos bolas al árbitro principal antes de comenzar el juego. Las bolas solían permanecer mucho tiempo en el juego. El 4 de agosto de 1908, los Dodgers de Superbas y los Cardenales de San Luis, jugaron las nueve entradas con una sola bola; ¡ahhh! y se conectó un jonrón por el guardabosque central de los Dodgers, Bill Maloney. Dicho sea de paso, en ese juego hubo un solo árbitro, Bill Klem. Ese no fue el único desafío que se jugó con una sola bola. 

Además, durante las primeras dos décadas del siglo XX, se permitía lanzar la bola ensalivada, lo que, unido a la mascadura de tabaco, provocaba que la bola adquiera un color marrón. Ello, tuvo su sismo el 16 de agosto de 1920, en el Polo Grounds de Nueva York, en un encuentro entre los Yankees y Cleveland. Caía la tarde y el valioso campo corto de Cleveland, Ray Chapman, fue al cajón de bateo en la quinta entrada. Lanzaba por los Yankees, Carl Mays, quien poseía una recta respetable. Un lanzamiento de Mays impactó la cabeza de Chapman, provocándole fracturas craneales. Chapman murió horas después en el quirófano mientras era intervenido quirúrgicamente. La bola que lo impactó estaba oscura, lo que, unido a la caída de la tarde, afectaron la visibilidad de éste. A partir de ese desgraciado incidente se facultó a los árbitros a remover la pelota del juego cuando está sucia o rasgada. Hoy día, observamos que cuando una bola impacta el terreno de juego cerca del plato, es removida automáticamente.

Para el 1916, Charles Weegham era propietario de los Cubs de Chicago y era el único dueño de equipo que permitía que los fanáticos retuvieran las bolas que caían en las gradas de su estadio, el Weeghman Park, hoy Wrigley Field. Pero en el 1937, se produjo un evento en el Yankee Stadium que cambió la política de los dueños de equipos en torno a las bolas que caían en las gradas. Un fanático retuvo una pelota que cayó en las gradas del Yankee Stadium. Un guardia de seguridad intervino con el fanático y se formó una bronca entre ambos, sufriendo el fanático lesiones corporales. El fanático demandó a los Yankees y transigieron sus reclamos en $7,500.00. A partir de ahí, los fanáticos pueden retener las bolas que caen en las gradas. Más aún, luego de la huelga de 1994, los jugadores suelen regalar a los fanáticos la bola con la que se propina el tercer “out” de una entrada, lanzándola a las gradas.

Varias bolas capturadas en las gradas han generado, por su importancia histórica, jugosas sumas de dinero para sus propietarios. La pelota que más dinero ha generado a su propietario fue la del jonrón número 70 de Mark McGwire, en el 1998. Fue subastada en 3 millones cinco mil dólares ($3,005,000.00), pagados por el coleccionista Todd McFarlane.  

Pero no todo es miel sobre hojuelas. A finales de la temporada de 2001, se anticipaba que Barry Bonds rompería el récord de jonrones de Mark McGwire. Así fue, el 5 de octubre, conectó dos jonrones, sus números 71 y 72, estableciendo una nueva marca. Y en el último desafío de la temporada regular, el 7 de octubre, en la misma primera entrada, Bonds conectó su jonrón número 73. Muchos acudieron al estadio preparados para capturar esa pelota. Uno de ellos, Alex Popov, estaba con su guante en el lugar preciso donde caería la bola y la capturó. Lamentablemente, una avalancha de fanáticos cayó sobre él y perdió la pelota que fue capturada en un rebote en bola suelta por Patrick Hayashi. Ello desató un interesante y complejo litigio cuya cita es la siguiente: Alex Popov v. Patrick Hayashi (WL 31833731 Ca. Sup. Ct. 2002). Popov demandó a Hayashi, alegando que era el dueño de la bola porque la capturó, pero fue víctima de actos criminales de terceros (las agresiones). Por su parte, Hayashi alegó que no formó parte de la multitud que cayó sobre Poppov y que la bola llegó hasta él, capturándola, por lo que se convirtió en su titular. Ambas partes utilizaron costosos peritos (expertos) durante el prolongado juicio que incluyó videos de la trayectoria de la bola, lo ocurrido en la escena y hasta leyes de física. Eventualmente, el juez Kevin McCarthy resolvió que no podía adjudicarle la titularidad absoluta a ninguno de los dos. Salomónicamente resolvió que cada uno era dueño de un 50% de la bola. Lamentablemente, la venta en subasta de la pelota estuvo muy por debajo del valor anticipado. Se vendió en $450,000.00, correspondiéndole a cada uno $225,000.00. Esas partidas fueron consumidas por el costoso litigio e inclusive, Popov quedó debiendo dinero a su abogado, Martín F. Triano.

También hay pelotas cuya captura se convirtió siniestra. Los Cubs y los Marlins se enfrentaron en la Serie de Campeonato de la Nacional. Los Cubs ganaban la serie 3-2 y el 14 de octubre, se celebró el sexto juego en el Wrigley Field de Chicago. Los Cubs ganaban 3-0 a la altura de la octava entrada, con un “out” colgada en la pizarra, por lo que la multitud destilaba alegría; estaban a solo cinco “outs” de alcanzar la esquiva Serie Mundial. Ahí, se produjo un elevado de “foul” de Luis Castillo (Marlins), por la banda izquierda que intentó capturar, internándose en las gradas, Moisés Alou. Varios fanáticos intentaron capturar la bola en el espacio aéreo de las gradas. Uno de ellos, de nombre Steve Bartman, fue señalado injustamente por los hambrientos fanáticos de los Cubs, de haber interferido con el intento de fildeo de Alou. El árbitro Mark Everrit determinó correctamente que Bartman no había interferido en la jugada. Pero, a partir de ahí, se le cayó la casa encima a los Cubs, perdieron el juego y perdieron la serie. La bola fue subastada en $113,284.16 y el adquirente tenía como único propósito implosionarla (destruirla) porque acentuaba el maleficio de los Cubs. En efecto, el 26 de febrero de 2004, fue implosionada en el Restauran Harry Carry.

El 13 agosto de 2018, una pelota de béisbol firmada por todos los participantes que asistieron a la ceremonia de inauguración del Salón de la Fama del Béisbol en 1939, fue subastada en $623,369, 00, estableciendo un récord para una pelota de béisbol autografiada. El récord anterior era una bola firmada por Ruth, que se vendió por $388,375 en 2012. La pelota subastada en $623,369.00 está firmada por 11 de los 12 jugadores de la primera clase exaltada a Cooperstown, incluidos Babe Ruth, Ty Cobb, Cy Young y Walter Johnson. La única firma que falta en la pelota es la de Lou Gehrig, que estaba demasiado enfermo para asistir a la exaltación de 1939. Las firmas en la bola fueron recogidas en ese momento por el tercera base de los Medias Blancas, Marv Owen. Owen guardó la pelota en un guante forrado de piel en una caja de seguridad, lo que mantuvo las firmas en buenas condiciones para cuando murió en 1991.  

2 comentarios en “Historia de la BOLA DE BÉISBOL”

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