Recordando a Vera Clemente en su primer aniversario de muerte

Vera Clemente, el 6 de abril del 1973, tras recibir en Pittsburgh, Pennsylvania, el duodécimo y último «Guante de Oro» de su esposo Roberto Clemente como jardinero derecho.

Hoy se cumple el primer aniversario del fallecimiento de Vera Zabala…viuda del inolvidable pelotero de Puerto Rico…Roberto Clemente.
El sábado, 16 de noviembre del 2019, se nubló emocionalmente para este servidor al recibir la noticia de su partida…máxime cuando dos meses antes compartí con ella en Pittsburgh, Pennsylvania, en una actividad honrando la memoria de su difunto esposo y miembro del Salón de la Fama del Béisbol de las Grandes Ligas en Cooperstown, Nueva York.
Nacida en Carolina, Puerto Rico, el 7 de marzo del 1941, la gentil dama se unió en matrimonio con Roberto en dicha ciudad, el 14 de noviembre del 1964.
El amor de Vera hacia su esposo fue muy profundo y ejerció como una campeona en todo el sentido de la palabra en la crianza de sus tres hijos…Roberto, Luis y Ricky.
Jamás perdió su agradecimiento para con la ciudad de Pittsburgh y sus residentes…fueran o no fanáticos del béisbol. A la vez, en dicha ciudad fue muy respetada por los Piratas de Pittsburgh, el equipo durante 18 temporadas de Roberto y por sus residentes.

Premio Roberto Clemente


Desde que se instituyó el «Premio Roberto Clemente» en las Grandes Ligas en honor a su esposo fallecido en el 1972 durante un accidente aéreo, portando bienes para damnificados por terremotos en Nicaragua, Vera honró el panel de figuras que seleccionó el ganador desde el 1973.
Al fallecer, la dama que viajó fuera de Puerto Rico en centurias de ocasiones desde la muerte de Roberto a beneficio de muchísimas causas y en representación del béisbol de las Grandes Ligas durante 46 anualidades, llevaba el titulo otorgado por dicha entidad beisbolera de….»Embajadora de Major League Baseball»… ¡cumpliendo su misión de manera sobresaliente y con un decoro excepcional!
En el plano personal, Dios me regaló la linda amistad de Vera y Roberto desde muy, muy temprano en mi vida. En el presente y por siempre la recordaré como un dama de muchísima fortaleza espiritual, que personificaba la decencia con destellos angelicales que el Ser Supremo le regaló.
Jamás olvido que varias veces me dijo que en ocasiones pensaba que una madrugada escucharía alguien tocando en la puerta de su hogar y que al abrir la misma…allí estaba su amado esposo Roberto…diciéndole, ¡»Verín…aquí estoy…ya llegué»!
Hoy, hace una anualidad que Vera y Roberto ya reposan unidos a la diestra de Dios.

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