Roberto Clemente: su deseo de una Ciudad Deportiva

Este próximo 18 de agosto del 2022…se cumplen 88 anualidades del nacimiento de Roberto Clemente en una humilde casa de madera y concreto ubicada en San Antón, en el kilómetro 7, hectómetro 8, de la vieja carretera de Rio Piedras a Carolina, Puerto Rico.

Aquel sábado, 18 de agosto del 1934, el vino al Mundo en una misión muy especial dictaminada por Dios como Su Hijo, Ciudadano del Mundo y un baluarte en el juego de beisbol.

Fue su padre el caballero Melchor Clemente y su madre la dama Luisa Walker. Nació Roberto con la asistencia de una comadrona durante tiempos muy difíciles en Puerto Rico cuando el «cáncer» de la Gran Depresión atacaba al globo terráqueo.

Sin embargo, jamás olvido que en ocasiones Roberto trajo a mi atención que en su hogar latieron el respeto mutuo, la comprensión y el amor. Alla para el 1969, me comentó, «Aquellos tiempos de mi juventud fueron tiempos malos…pero en casa jamás faltó comida y ropa. Para mis padres, nosotros los hijos, siempre fuimos primeros y luego venían ellos.»

Su padre, durante décadas, fue capataz en la Central Victoria de Carolina cuando la industria azucarera era la reina de la economía en Puerto Rico, mientras que su madre fue, básicamente, una dedicada ama de casa.

Siendo chamaquito Roberto le llevaba comida y agua a trabajadores donde su padre se ganaba el «pan de cada día» y devengaba el joven ínfimas cantidades de dinero. Desde ese entonces aprendió a ser muy responsable en muchos aspectos de la vida.

La Religión Bautista fue reina en su hogar y su himno favorito fue «Solo Dios Hace Al Hombre Feliz».

Se sabe que Roberto Clemente fue un extraordinario pelotero en las Grandes Ligas y que el lunes, 6 de agosto en 1973, fue elevado al «Salón de la Fama del Beisbol» en Cooperstown, Nueva York.

Siempre recordare mis charlas con Roberto, de la forma en que el recurrió a mi persona para ayudarle en los preparativos para establecer una ciudad deportiva y de mis servicios a dicha entidad hasta septiembre del 1989.

Roberto poseía un magno deseo de ayudar a su Puerto Rico…a la juventud de la isla que tanto amaba. Recuerdo que el respetado hermano del alma deseaba un mejor futuro para su gente sin estar personalmente envuelto en la política…aunque el favorecía al Partido Popular de Puerto Rico inspirado por su ya legendario líder…Luis Muñoz Marín. 

Roberto comenzó a «coquetear» con la idea de la Ciudad Deportiva a mediados de la década de los 1960. El deseaba un lugar sencillo desde donde mediante los deportes y otras manifestaciones humanas repletas de creatividad aportaran, entre otras cosas, al concepto de la unión de las familias «Boricuas».

El no deseaba una institución con fines de lucros personales…el jamás me manifestó que deseaba que la ciudad deportiva llevase su nombre…el jamás me manifestó que su deseo era, más que nada, producir atletas de renombre internacional. De surgir atletas de esa clase…¡pues bien!

Repito que, primordialmente, el deseaba que dicha entidad fortaleciera el concepto de la familia en Puerto Rico.

Nunca olvido las veces que Roberto me hablaba de su desencanto con palabras similares a las siguientes, «He buscado respaldo para la ciudad deportiva mediante figuras públicas en y fuera de la política…voy a reuniones… almuerzo con distintas personas…hablamos de mis deseos…me retrato con esos seres humanos…me felicitan…y cuando creo que mis deseos van a comenzar…nada pasa…las promesas de ayudarme desaparecen.»

Finalmente, comenzando el 1970, me llamó un día y me comentó, «Deseo que vengas a una reunión en el Colegio de Ingenieros en Hato Rey muy importante.»

Al llegar recuerdo haber visto a otros invitados…Eugenio Rojas Nater, Victor Portugués, Eugenio Guerra, Bob Leith y Emérito Frontado. Allí expuso datos, como los antes mencionados en este ensayo, sobre su gran deseo de una ciudad deportiva.

Por más de una hora nos habló y saliendo de las facilidades, echando su brazo derecho sobre mis hombros, me dijo en voz baja, «Luisito, quiero que me ayudes en grande en todo esto.»

Ese pedido me petrificó pues yo contaba con unas 24 anualidades de vida y Roberto con unas 36. Roberto era una superestrella en las Grandes Ligas y yo era simplemente Luis…un amante del beisbol y joven periodista para quien, sin saberlo, Dios había pavimentado un «boulevard» en la vida en el beisbol invernal «Boricua» y el de las Grandes Ligas.

Desde esos tiempos comencé a pensar que Dios era el ideólogo de nuestra relación. Me remonté a cuando descubrí la existencia de Roberto contando con una década de vida y residiendo en Panamá…recordé cuando le vi jugar en persona por primera vez y eso fue en el Parque Sixto Escobar de San Juan en noviembre del 1959…estando de pasada por Puerto Rico.

Igualmente pasó por mi mente cuando hablé por vez primera con el antes de una clínica de beisbol que ofreció tarde en el 1961 en el Parque Ernesto Juan Fonfrías en Bayamón y cuando le conocí «oficialmente» al visitar su hogar en la Urbanización San Agustín en Rio Piedras allá para el 1965 con los «escuchas- buscatalentos» de los Piratas de Pittsburgh…Howie Haak y «Pancho» Coimbre.

En el 1970, conduje por primera vez en las Grandes Ligas el «Dia del Pelotero Latinoamericano» con el total aval durante 25 temporadas de los Comisionados Bowie K. Kuhn, Peter Ueberroth, Bart Giamatti, Fay Vincent y «Bud» Selig.

El 29 de enero del 1972, la firma de efectos deportivos «Rawlings» honró esa iniciativa al pedirme le entregase a Roberto su «Guante de Oro» número 11 de los 12 que gano en su carrera. El evento se celebró en el Hotel Puerto Rico Sheraton, en el Condado, Santurce.

Finalizado el evento a la salida del «Ballroom», Roberto me dijo, «Me gustaría fueras a casa en pocas horas para desayunar. Quiero hablar algo muy importante contigo.»

Así hice y al sentarnos en la mesa me dijo, «Necesito tu ayuda. Me gustaría tener una corporación grande a nivel internacional que me ayude dar a conocer mis ideas sobre la ciudad deportiva que tengo en mente.»

Fue muy franco y entonces comentó, «No quiero dinero para mi…quiero ayudar a mi gente aquí en Puerto Rico…a los jóvenes y en eso de mantener viva la unión de lo que es una familia.»

Comprendí su deseo inmediatamente y con Dios en mente pude lograr algo en pocos días.

En el plan de mi vida dictaminado por Dios, había surgido una amistad con James Plinton, vicepresidente de Eastern Airlines con base en Miami, Florida. Dicho sea, James fue el primer vicepresidente a la raza Negra, se me había informado, en la historia de las líneas aéreas en los Estados Unidos.

Le llamé el próximo día e incrédulo me preguntó, «¿Te refieres al gran pelotero de los Piratas de Pittsburgh?»

A los pocos días James visito la Isla y hablamos más del tema. Tan pronto comenzó durante la tercera semana de febrero del 1972, en Bradenton, Florida, el campo primaveral de los Piratas, el gran pelotero se reunió en Miami con la plana mayor ejecutiva de la línea aérea y de esa forma Roberto se convirtió en portavoz de la empresa.

Hace tiempo, el glorioso golfista de Puerto Rico, el gran Juan «Chi-Chi» Rodríguez y amigo de Roberto desde sus juventudes, me comentó, «Ya yo era portavoz de Eastern Airlines y me puse bien contento cuando Roberto lo logró. Roberto fue el primer pelotero en la historia de las Grandes Ligas en lograr un nombramiento de esa clase.»

El astro de los Piratas de Pittsburgh mantuvo sus principios, pues no exigió remuneración alguna. La línea aérea recompenso, sin embargo, su buena fe honrándole con pasajes para él y su familia inmediata por un tiempo indeterminado.

El lunes, 26 de julio del 1972, en conferencia de prensa en el Hotel Essex House en Nueva York, se anunció el nombramiento de Roberto y a la vez nació el respaldo oficial para con la ciudad deportiva de la cual él era el ideólogo.

Créditos merecen en ese logro de parte de la ya desaparecida desde temprano en los 1990 Eastern Airlines, los entonces ejecutivos George Lyall, Arnaldo Deleo y Francisco Calimano.

Igualmente el recordado gran periodista Ramiro Martínez merece muchísimo crédito en su ayuda para con Roberto en muchos aspectos.

Cuando la muerte sorprendió a Roberto, él sabía que al fin su deseo de la ciudad deportiva era uno muy comprendido por miles y miles de personas en y fuera de Puerto Rico. Él sabía que el terreno pantanoso sobre el cual había «caminado» ya era un camino «pavimentado» por los designios de Dios.

Esta fecha olvidada o perdida en la historia…el viernes, 26 de enero en el 1973…fue cuando la Ciudad Deportiva Roberto Clemente nació legalmente en una reunión en el Colegio de Ingenieros en Hato Rey, Puerto Rico. Eso aconteció veinte y seis días después de la desaparición del este globo terráqueo de Roberto…convirtiéndose así su viuda, Vera Zabala, en la presidenta de la entidad.

Desde muy joven en mi vida creí en la Ciudad Deportiva…desde muy joven sin saber los propósitos agradecí a Dios la hermandad de Roberto Clemente que El me regalo.

En el presente recuerdo, entre otras cosas, que ya siendo miembro de la organización de los Piratas de Pittsburgh en materias de escucha analista de peloteros profesionales en la Liga Invernal de la Isla, nombrado por el gerente general del equipo Joe L. Brown y su director de operaciones de la Ligas Menores, Harding «Pete» Peterson, el domingo, 12 de marzo en el 1972, participé muchísimo en los arreglos para que en la Isla se celebrara durante más de una década la «Serie Ciudad Deportiva Roberto Clemente» para recaudar fondos para dicha entidad.

En la primavera del 1987, me concentré en escribir un libro de Roberto titulado «Roberto Clemente Aun Escucha Las Ovaciones» que fue impreso por «Ramallo Printing» en Hato Rey, Puerto Rico. Las ventas fueron magnificas y en el mismo libro quedo impreso para la historia que los «derechos reservados» pertenecían a la Ciudad Deportiva Roberto Clemente.

Ese fue mi regalo a la entidad…a cambio de nada $$$.

Continue colaborando con la entidad de forma gratuita hasta que el 1989, habiendo sido designado por la oficialidad de esta como «director de Relaciones Internacionales» allá para el 1984, por cuestiones de dedicar más tiempo a labores relacionadas en mi vida en el beisbol de las Grandes Ligas.

¡Sin embargo, jamás ha desaparecido el amor para con el concepto de la «Ciudad Deportiva Roberto Clemente» de mi corazón!

Una de las mejores piezas escritas en ingles sobre Roberto Clemente la llevo a cabo el colega Myron Cope a mediados de los 1960 y recuerdo la consistencia en pensamientos y comentarios del tremendo pelotero que fue:

Por ejemplo, Roberto le manifestó, «Mi madre y mi padre trabajaron como caballos de carreras para nosotros (sus hijos).

[Pienso que cualquier persona que pueda ayudar a su país o a su isla (Puerto Rico) y no lo hace algún día Dios lo castigara.

Si puedes ser bueno…¿entonces por qué ser malo?

Muchos jóvenes se pasan en las esquinas de las calles. Me gustaría interesarlos en los deportes…en cosas positivas…en la educación…esto es algo como una juventud desorientada!

Me gusta trabajar con los jóvenes…me gustaría trabajar con los jóvenes todo el tiempo (luego de su retiro).

Aprovecho esta oportunidad para, una vez más, indicar que Roberto Clemente jamás me indicó que quería ser dirigente en el beisbol, exclusivamente, ya en su retiro.

Aprovecho esta oportunidad para indicar que entre Roberto y este servidor jamás hubo un dólar de su parte hacia mi persona o viceversa. Nuestra hermandad fue creada por Dios.

Muchas noches en su hogar allá para el 1971 y principios del 1972, me sentaba con Roberto los viernes en la noche «plasmando» en escritos a mano, fuera de temporada de Grandes Ligas, sus ideas de lo que deseaba para la ciudad deportiva. Dicho sea y repito…jamás me indicó que deseaba que esa ciudad deportiva llevase su nombre.

Durante dichas reuniones en el gran balcón de su hogar en la Urbanización San Agustín en Rio Piedras trabajábamos hasta pasada la medianoche. Ha transcurrido ya más de medio siglo y en una caja de seguridad en un banco tengo manuscritos de Roberto sobre sus ideas para con la ciudad deportiva.

MI SENTIR

Al pasar el tiempo…hasta el presente…con mucha facilidad detecto envidia o incredulidad de muchos por la hermandad que Dios nos regaló.

Eso cansa…eso cansa! Mi consejo, básico y muy respetuoso, para los que emiten esas vibraciones es que deben preguntarle a Dios sus razones por las cuales existió dicha relación entre Roberto y este que escribe!

(Medio siglo, este próximo 31 de diciembre, habrá pasado desde su muerte…Roberto Clemente me sigue inspirando…es más, él está grabado en mi mente en un pasillo de tiempos por venir y allá…a los lejos…veo a Roberto mi hermano del alma…sonriendo…allí aun escucha las ovaciones y las bendiciones de Dios.

(FOTOS—A la izquierda, Roberto Clemente y Luis Rodríguez-Mayoral en Pittsburgh el 30 de septiembre del 1972, poco antes del partido contra los Mets de Nueva York en el cual conectó su imparable número 3000. A la derecha, Roberto en foto oficial de los Piratas en el 1971 (ambas fotos cortesía de Les Banos, fotógrafo oficial de los Piratas.)

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