Muere uno de los mejores de todos los tiempos: Frank Robinson

Luis Rodríguez Mayoral y Frank Robinson

Falleció a los 83 años de edad el otrora estelar pelotero de Grandes Ligas y dirigente, Frank Robinson.

Nacido en Beaumont, Texas, a unas 85 millas el noreste de Houston, el 31 de agosto de 1935, Robinson militó en el «Mejor Béisbol del Mundo» (1956-1976) con Cincinnati, Baltimore, Los Ángeles, Angelinos de California y Cleveland.

En 2,808 juegos promedió ofensivamente .294 con 528 dobles, 586 jonrones, 1,829 carreras anotadas y 1,812 impulsadas.  De sus 2,943 imparables, un total de 1,186 fueron de extra bases (40%).

En el 1956 fue seleccionado Novato del Año de la Liga Nacional con Cincinnati….hizo historia al ser el primer pelotero Jugador Más Valioso en ambas ligas—1961 con Cincinnati–Liga Nacional; y 1966 con Baltimore–Liga Americana….fue factor determinante en ayudar a Baltimore proclamarse campeón en las Series Mundiales 1966 y 1970….siendo el Jugador Más Valioso de dicho clásico en el 1966.  Su número 20 está retirado por los Orioles de Baltimore.

Frank fue seleccionado a un total de 14 Juegos de Estrellas durante su carrera.

Como dirigente estuvo a cargo de Cleveland, San Francisco, Baltimore, Washington y Montreal. Con Cleveland, en el 1975, se convirtió en el primer dirigente Negro en la historia de Grandes Ligas.  En total, en dicha capacidad, obtuvo marca de 1,065 victorias y 1,176 derrotas durante 16 temporadas.  En el 1989, con Baltimore, fue galardonado como Dirigente del Año en la Liga Americana.

En el béisbol invernal Boricua, Frank militó brevemente con los Leones de Ponce en la década de los 1950 y tras un pelotazo por parte del Cangrejero de Santurce, Rubén Gómez, tuvo que regresar a los Estados Unidos.  Debutó como dirigente durante la jornada 1968-69 con Santurce y copó su primer campeonato en la temporada 1970-1971.  Su última jornada dirigiendo en Puerto Rico fue la de 1979-1980.

Frank Robinson residía muy cerca de mi hogar en el Condado, Santurce, Puerto Rico.  En muchas, muchas ocasiones, coincidimos en una farmacia ubicada en la avenida Ashford equina Calle Washington comprando periódicos de los Estados Unidos y charlábamos por largos ratos.  De ahí nació nuestra amistad durante la década de los 1970.

Al pasar los años, cada cual haciendo lo suyo, cruzamos caminos en tantos estadios de Grandes Ligas y compartíamos, aunque en ocasiones brevemente, cada vez.  Siempre salía el nombre del mutuo buen amigo, Tito Stevens, prestigioso editor deportivo del rotativo The San Juan Star.

Muchos fanáticos y miembros de la prensa sembraron la idea de que Frank y Roberto Clemente se «odiaban», pero jamás escuché a alguno de ellos manifestar esa enfermedad hacia el otro.  Fueron dos extraordinarios peloteros con orgullos silentes, pero eso de que se odiaban, jamás lo percate. Es más, lo que sé es que ambos se admiraban uno al otro.

En el 1982, Frank Robinson fue exaltado al Salón de la Fama en Cooperstown, Nueva York.

Durante los últimos 12 años Frank Robinson fue vicepresidente de la Oficina del Comisionado y jefe de la consejería de dicha oficina.

Le vi por última vez hace unos cuatro años en el Hotel Gaylord Texan en Grapevine, relativamente cerca del Aeropuerto Dallas-Fort Worth, en unión a Iván Rodríguez.  Ya con la nieve de los años cubriendo su cabellera, nos dirigimos uno al otro, vino al abrazo usual y charlamos por varios minutos.

Al enterarme hoy de su muerte, ruego a Dios por su descanso eterno y a la vez doy gracias por haberme regalado su amistad por casi medio siglo.

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