Hace 65 años: Recibimiento de héroe a Rubén Gómez

A principio de la década de los ‘50, Puerto Rico tenía poca representación en las Ligas Mayores.  Hiram Bithorn y Luis Rodríguez Olmo, ambos caucásicos, fueron los primeros puertorriqueños en participar en el 1942 y 1943, respectivamente.  Con la llegada de Jackie Robinson a las Grandes Ligas, en el 1947, paulatinamente los peloteros de la raza negra recibieron la oportunidad y se abrieron paso.  Uno de esos pioneros fue Rubén Gómez.

Natural de Arroyo, Gómez debutó el 17 de abril de 1953 con los Gigantes de Nueva York, registrando ese año marca de 13-11 convirtiéndose de paso en el primer lanzador negro latino en las Grandes Ligas.

En la siguiente temporada, el muchachote de 6’0” y 170 libras, tuvo una espectacular actuación, ganando 17 y perdiendo 9, con efectividad de 2.88, 106 ponchetes y cuatro blanqueadas.  Entre los serpentineros de los Gigantes, fue superado únicamente por Johnny Antonelli, quien ganó 21 y perdió 7.  Nueva York ganó cómodamente la Serie Regular y se enfrentó en la Serie Mundial a los campeones de la Liga Americana, Indios de Cleveland.  En el tercer desafío, celebrado el 1 de octubre de 1954, Gómez se convirtió en el primer lanzador boricua y primer latino negro en participar, iniciar y ganar un desafío de Serie Mundial.  Ante 71,155 aficionados que colmaron el Estadio Municipal de Cleveland, lanzó 7⅓  de entradas, permitió cuatro imparables y apenas dos carreras, siendo relevado por el futuro Miembro del Salón de la Fama, Hoyt Wilhelm, quien preservó la victoria, 6-2.  Al siguiente día, los Gigantes nuevamente derrotaron a los Indios para ganar el Clásico de Otoño.

Esta actuación hizo la primera plana en los periódicos de Puerto Rico y cuando los Gigantes se proclamaron campeones en cuatro juegos, se organizó de inmediato un recibimiento de héroe que fue programado para el 11 de octubre de 1954.

La alcaldesa de San Juan, Felisa Rincón de Gautier, obsequia a Rubén Gómez una bandera de Puerto Rico.

El periódico El Imparcial captó el arribo del ídolo boricua: “Miles de fanáticos se dieron cita y ocuparon los balcones de los hangares en el Aeropuerto de Isla Grande.  En las afueras del hangar había una gran cantidad de personas que al avistar el avión, ovacionaron de forma estruendosa.  La nave aterrizó a las 2:25 de la tarde en el vuelo 527 de “Pan American Airways”.  Al abrirse la puerta lateral del aparato, los presentes permanecieron silenciosos.  A medida que los pasajeros descendían crecía la ansiedad y la expectación por ver al más destacado pelotero que había producido la Isla.  Hubo un momento de vacilación en el mismo umbral de la puerta del aeroplano y Rubén salió a la plataforma de la escalera.  Vistiendo un traje negro y anonadado por la emoción, fue abordado por locutores radiales y periodistas.  Amigos y compañeros de Rubén pusieron inmediatamente en sus brazos a su pequeño hijo Rubencito (foto arriba), que vestido de pelotero se abrazó al cuello de su padre, quien en ínterin recibía los saludos de las personalidades que acudieron a recibirlo, figurando entre ellas el presidente del equipo Santurce, Pedrín Zorrilla, el Administrador de Parques y Recreos Públicos, Julio Enrique Monagas; y una comisión de la Cámara de Representantes que le hizo entrega del pergamino contentivo de la Resolución aprobada por dicho cuerpo, expresando el regocijo de Puerto Rico por el triunfo de Rubén.  Asediado por los cientos de fanáticos que pugnaban por darle la mano y que ponían sus ropas en desaliño, Rubén se montó en un auto que lo condujo por algunas calles de Santurce hasta el Municipio de San Juan, donde la alcaldesa Felisa Rincón de Gautier dispensó un cordial recibimiento poniendo en sus manos la Llave de la Ciudad Capital y el pergamino conteniendo la proclama en que se le declara hijo adoptivo de San Juan.”[1]

Rubén Gómez le planta un beso a la Alcaldesa de San Juan. Observa a la izquierda, el Cangrejo Mayor, Pedrín Zorrilla.

El estelar serpentinero descansó par de días, integrándose al equipo de Santurce en esa misma semana.  Una de las tantas características que distinguió a Rubén fue su espíritu competitivo y su amor por el béisbol.  Aun cuando acababa de participar de forma exitosa en la Serie Mundial, su responsabilidad con Santurce era prioridad.  Fue así ese año y durante toda su gloriosa carrera.


[1] Periódico El Imparcial, 13 de octubre de 1954.

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